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MUSEO DE LA CARICATURA SEVERO VACCARO
Lima 1037 (Código Postal 1073) - Buenos Aires, Capital Federal - ARGENTINA Esperamos sus sugerencias y comentarios vía e-mail:
severovaccaro@yahoo.com
Teléfonos: (54-11) 4304-6497 (Jueves y Viernes de 17 a 20 hs)
(54-11) 4276-4802 (en otros horarios)

-PRINCIPAL-


-HISTORIA DEL-
-MUSEO -


-EL EMBLEMA-


-ALGUNAS OBRAS-
-DEL MUSEO-


-LISTADO DE-
-EXPOSITORES-


-NOTA SOBRE-
-LA REAPERTURA-
-DICIEMBRE 2002-


-AGRADECIMIENTOS-


-STAFF-
-del MUSEO-

INTRODUCCIÓN:
¿Por qué un Museo del Humor?, por Siulnas.

Un museo no es un recinto poblado de polvo y telarañas al que algunos tratan de llevar a su abuelo, como en aquellos desopilantes chistes de Oski. La representatividad de un Museo esta determinada por su permanente actualización... en el pasado inmediato. Una caricatura que zahiere al funcionario de turno goza de toda su plenitud y no puede, por lo tanto, integrar un museo. Pero una vez desplazados los protagonistas –caricaturizado y caricaturista- por una temática más actual, esa misma caricatura se convierte en testigo válido de esa época, haciéndose acreedora permanente a unos cuantos centímetros cuadrados de pared. Nada mejor que la caricatura para brindar un testimonio humano sobre los hombres que forjaron nuestra nación. Porque la historia contenida en los libros convierte a menudo a esos hombres en figuras de bronce, sin flaquezas, sin errores, sin ambiciones... Y se siente incapaz de seguir sus pasos, porque todos tenemos flaquezas, todos cometemos errores, todos tenemos al menos alguna ambición. Vale decir que la caricatura fomenta, a través del tiempo, la formación de nuevos dirigentes, pese que a menudo esta acusada de combatir a los existentes. Podemos inferir el sentido del humor de los funcionarios y la cantidad de caricaturas no realizadas en la clandestinidad bajo su gestión. Ese sentido del humor pudo ser apreciado en el más alto nivel al completar su período de gobierno el presidente Aramburu, quien reunió a los dibujantes que más asiduamente lo habían caricaturizado durante su mandato para despedirse y elogiar la tarea que aquellos habían desempeñado. Y bien, esa es la función del museo. Muchas de las caricaturas que hoy provocan la ira de más de un funcionario, estarán algún día colgadas en estas paredes, no a la espera de que esos funcionarios carezcan ya de poder para tomar replesarias, sino porque a través de los años, esos mismos funcionarios, con sus errores y sus aciertos –o ambas cosas- habrán pasado a formar parte de nuestra historia viva. En un museo de la caricatura deben cohabitar "sin propinarse codazos ni mirarse de reojo" (como escribiera Jaunarena a propósito de los dibujantes de distintas generaciones), federales y unitarios, mitristas y alsinistas, radicales y conservadores, peronistas y antiperonistas, porque la historia no puede ser parcializada como el ejercicio de la política que, curiosamente, marcará la historia futura. Esa es la razón por la cual las caricaturas se constituyen en el mejor testigo de cada etapa de nuestra historia. Aunque en ocasiones un mismo caricaturista ofrezca a las dos alternativas, como Henri Stein, que combatía al mitrismo a través de "El Mosquito" y lo defendía –según una investigación de E. M. S. Danero- desde el periódico "La Presidencia", bajo el seudónimo Monet. En general el dibujante humorístico argentino, individual o colectivamente, es un caricaturista en potencia. Puede suceder que, en lugar de especializarce en caricaturizar políticos, deportistas o figuras del ambiente artístico, caricaturice directamente prototipos. Porque Fallutelli es la caricatura de todos los hipócritas; Desconfiacho es la caricatura de todos los desconfiados; Avivato es la caricatura de todos los que tratan de sacar ventajas... Ya lo dijo Fernán Félix de Amador al referirse al dibujante en 1944: "... Suele ser por sí mismo creador, padre de entes populares, cuya peregrina ficción acaba por convertirse en realidad ponderable y hasta servir de modelo y figura para la determinación de tipos y caracteres humanos. De ahí –pongamos por punto- el éxito de la historieta cómica, como risueño y tolerante espejo de la vida...". El Museo de la Caricatura "Severo Vaccaro" es, posiblemente, el primer espacio de estas características a nivel mundial. Nació como nacen todas las grandes ideas: impensadamente. La vinculación de Severo Vaccaro con la revista "Caras y Caretas", en la que se había desempeñado como "encargado de la venta", y a la sazón la amistad del caricaturista Eduardo Alvarez con los Vaccaro, determinaron que el local de Avenida de Mayo 628, que funcionaba como agencia de lotería, turismo, casa de cambios y publicidad en general, contara en un momento dado con valiosos originales de tradicionales caricaturistas argentinos cubriendo sus vetustas paredes. Viéndolos colgados, el doctor Vicente Vaccaro –un químico con alma de niño y visionario- vislumbró y fundó el Museo de la Caricatura, bautizándolo con el nombre de su hermano, recientemente fallecido. Don Vicente no se proclamó Presidente ni Director de la flamante institución, sino sencillamente "capataz", lo que llevó al escritor Narciso Marquéz a afirmar que ésta "es una institución con jerarcas, pero sin prosopopeya". Valiéndose del título de "capataz", Vicente Vaccaro comenzó a buscar, según su pintoresca jerga, "peones", como denominó a los caricaturistas que se integraban al museo donando sus obras. Y entre las donaciones directas de los autores y de algunos caricaturizados, sumadas a las de quienes consideraban que determinados originales llegados a sus manos serían más apreciados en el Museo que en su domicilio particular, el local de Avenida de Mayo 628 vio colmada la capacidad de sus paredes. "La Gran Miscelánea Humorística" y "Los Caricaturistas de Vacaciones" –dos exposiciones realizadas en 1953 en la Galería Picasso, que funcionaba en la calle Florida al 300 –engrosaron el patrimonio del Museo, ya que muchos de los expositores resolvieron que sus obras fueran derivadas allí en lugar de retornarlas a sus estudios. La "Primera Exposición Panamericana de la Caricatura y el Humorismo", inaugurada el 16 de junio de 1955 mientras una escuadrilla de aviones bombardeaba la zona aledaña a la Casa de Gobierno, permitió al museo alcanzar el carácter de "internacional", ya que tras la muestra donaron algunos trabajos Pepo, de Chile, Fiorello Botti, de Paraguay, Reno de Bolivia, J.L Suarez, de Uruguay; Borjalo, Fortuna, Méndez, Raúl Fernández, Joselito, Antonio Nassara e Hilde Weber, de Brasil y Alberto Huici, de México. De todos modos, antes de "internacionalizarce", el Museo de la Caricatura era reconocido internacionalmente, no solo porque " los extranjeros no lo ignoran, porque varias guías incluyen, entre los museos dignos de visitar en la Argentina, el de la Caricatura" según se hacía notar en 1961 en "El Hogar", sino también por el testimonio de tres ilustres visitantes vinculados con el mundo de la Caricatura (uno de ellos, destacado músico internacional) como Xavier Cugat, Al Hirschfeld y Elton Clay Fax. Walt Disney había estado en la Argentina diez años antes de que el Museo se fundara, pero igualmente el famoso "Mickey Gaucho", dibujado por él para su colega Nicolás Greco, fue donado años después al Museo, para que todos fueran testigos del paso del gran dibujante estadounidense por Buenos Aires. El 9 de Enero de 1964 fallece imprevistamente Vicente Vaccaro, quedando como custodio del valioso legado histórico-cultural su sobrino y albacea Victorino Greco Vaccaro, a quien el "capataz" había asignado el curioso cargo de "peón inspector general", que desempeñó hasta que el viejo local de Avenida de Mayo es sentenciado a demolición. El 15 de enero de 1970, caricaturas, archivos y material informativo son trasladados –a la espera del edificio adecuado- a la casa "paterna" de Estados Unidos 2162, donde Don Vicente había pasado toda su vida. Pero la necesidad de un edificio acorde con la magnitud que había alcanzado el museo ya figuraba en los planes de su fundador, que antes de morir había instruido a su sobrino y albacea para que adquiriera la casa adecuada y a cuya búsqueda dedicó éste sus últimos años. Y en esta casa, Lima 1037, que la "Fundación Museo de la Caricatura Severo Vaccaro" reabre las puertas del único museo donde no se puede permanecer serio. El Museo de la Caricatura "Severo Vaccaro" se pone, pues, al servicio de profesionales, historiadores, sociólogos y público en general, sin olvidar la sentencia del crítico español José Francés –y en esto de "español" y "Francés" no hay ninguna humorada-, en el sentido de que "La caricatura es consuelo y azote. Ofrece el sano impulso de la risa o deja en el espíritu el escozor del despecho"

Oscar Vázquez Lucio (Siulnas)

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