
CRÓNICAS
DEL HOMENAJE A EDUARDO FERRO
(Lo ocurrido el 3 de Diciembre de 2004, en la Universidad de Palermo)
Escribe: Javier Hildebrandt
(Revista Comiqueando-Internet)
Artículo publicado en la revista Comiqueando.
El artículo (con imágenes) se puede leer acá.
El viernes 3 de diciembre, en el hermoso auditorio de la Universidad de Palermo
se llevó a cabo el cálido homenaje a uno de los tipos más
querido del ambiente: Eduardo Ferro. El evento, organizado por la gente del
Museo de la Caricatura Severo Vaccaro (Nora Ygounet, Marcelo Niño,
Fabián Mezquita y César Da Col) y conducido por Julio Lagos
sirvió además para entregarle al Maestro la carpeta con las
15 primeras páginas de Langostino redibujadas por sus colegas argentinos
y del mundo; y para exponer este mismo trabajo a los invitados. La sala era
un Olimpo del humor gráfico y la historieta argentina: Felipe Dobal,
Carlos Garaycochea, Francisco Solano López, Carlos Trillo, Jorge De
los Ríos, Guillermo Mordillo, Fernando Sendra, Caloi, Siulnas, Sergio
Langer, Liniers y siguen las firmas. A las 19 se dio comienzo a la ceremonia,
con una carta leída por Lagos, enviada por Luis Severo Vaccaro, quien
no pudo estar presente:
"En el consejo de administración hubo consenso para rendirle homenaje
a un artista que se destacó en la tarea, tan difícil, de hacer
reír a la gente; y creó prototipos que nunca serán olvidados,
como Langostino con su amada Corina, Bólido, Chapaleo, Pandora, Tara
Service, y la serie de Pampa Bárbara; y habla de esto casi 300 dibujos
que aportaron dibujantes de todas partes... ustedes, que han sido protagonistas
de este otro hecho que se suma al homenaje a Eduardo. Una prueba de cariño,
de admiración como, personalmente, no he visto en ninguna otra actividad
en los últimos tiempos. Y estos originales de ustedes, me parece que
son el futuro "Gran Libro del Dibujo", que tendrá que editar
el Museo, o alguien."
Luego se invitó a subir a Carlos Trillo, quien nos deslumbró
con estas palabras:
"Yo había escrito una pavada para esto... [a Ferro] leéla
después, qué sé yo. En realidad, lo que yo quería
decir, es que las cosas que más me acuerdo de mi infancia las hizo
Ferro. Incluso, me senté y dije "voy a hacer una cosa de memoria".
De memoria, era un chiste de Bólido, o un final de Langostino que decía
"Si él es bueno, ¿cómo se va a morir?". Un
chiste de Pampa Bárbara, donde había un tipo enorme, un negro
fiero, con el pie apoyado en la cabeza de otro gaucho chiquito; y el gaucho
chiquito cantaba: "Yo soy el gaucho Lencina, naides me pone el pie encima"
(risas). Tengo una lista larga de esas cosas porque... no puedo creer que
me acuerde tanto de esas cosas que decía antes. Yo trabajaba con Dolina,
en un canal de televisión, donde hacíamos las promociones, y
hacíamos "concursos de memoria", a ver quién se acordaba
de cosas que había dicho el Pato Donald... y yo ganaba todos los concursos
de Ferro. Yo sabía todos los remates, cómo llegaba la solución...
realmente es una lástima que no se sigan reimprimiendo para que la
gente las lea ahora estas cosas, y entonces hay que revolver entre el polvo
y buscar en revistas viejas. Pero, me parece que sería una lectura
benéfica para una generación que no tiene este tipo de lecturas.
Y realmente, desde muy chico, pero en serio y de corazón, yo soy hincha
de Ferro".
Después fue el turno de Oscar Vázquez Lucio (Siulnas), gran
amigo de Ferro, quien nos regaló casi una biografía del Maestro:
"No me sorprende que el que esté conduciendo este acto sea, precisamente,
Julio Lagos, porque en el año 75, él fue el que tuvo la feliz
idea de reunir a todos los grandes veteranos...
Lagos: - ¿Vos me querés decir que soy un veterano? (risas)
Siulnas: - No, eras un pibe, igual que yo (más risas)... igual que
yo cuando lo conocí a Ferro, déjenme terminar. Primero conocí
los dibujos de Ferro, los leía; yo era un pibe de pantalón corto
y realmente me entusiasmaban esos dibujos. Ahora voy a explicar algo sobre
ellos. Después lo conocí a Ferro, me une un récord de
amistad con él hasta el día de hoy, y es un gusto cuando uno
llama por teléfono a su casa, a la mañanita, y él te
dice '¡¡Qué hacés, campeón!!' Entonces uno
siente a ese ser pletórico que está del otro lado, se lo imagina
con la gorra inclusive, viniendo del fondo. Pero hay una cosa importante:
yo me divertía con los chistes de Ferro; mi hijo, que nació
unos cuantos años después... digamos, 23 años después,
también se divertía con esos chistes. ¿Qué significa
eso? Que los chistes de Ferro tienen una vigencia permanente, la tuvieron
antes y la tienen ahora. Yo traje una referencia, y lo voy a relatar a la
manera de los "Dibujos en el Aire". ¿Ustedes oyeron hablar
de los "Dibujos en el Aire"? Porque este buen señor, antes
de que tuviéramos televisión, le hacía ver los dibujos
a los oyentes. Con su maestría, que no solamente respetaba a través
de las líneas, sino a través de sus palabras. Y yo voy a hacer
un intento, bien pobre, lógicamente, al lado de lo que hacía
el maestro por radio Belgrano en aquellos años. Es un chiste nomás,
uno de tantos que recuerdo de aquellas épocas, y que realmente muestra
cuál era la habilidad de Ferro... él no necesitaba basarse en
la actualidad, y esas cosas. Antes de leer eso voy a recordar unas palabras
de Abel Santa Cruz, que lo definen bastante. Él decía de sus
dibujos: 'Transmite a sus tiras, no el sarcasmo, que no le pertenece; no la
sátira de los que no creen en el mundo y lo deforman a través
de sus lentes heridos; sino el tremendo, el evidente, el ingenuo gozo de haber
nacido'. Esto lo dijo, en el año 54, Abel Santa Cruz, que lo apreciaba
muchísimo, por supuesto.
Pero voy a pasar ahora a una tapa de Patoruzú, donde voy a tratar de
explayar un poco esos "Dibujos en el Aire" que él hacía.
La tapa es: un albañil sentado a un costado de la obra en construcción.
Está armando con algunos ladrillos que ha apartado, una pequeña
pared, sosteniéndola sobre sus piernas. Mientras el compañero
le advierte: '¡Cuidado! Se te va a armar lío si te agarra el
capataz haciendo trabajos para afuera'."
En ese momento, Ferro lanza una estruendosa carcajada y grita: '¡Que
buen chiste!', ganándose las risas y el aplauso de todos.
Continúa Siulnas: "Realmente es un muy buen chiste. Con Ferro,
hace poco llegamos a la conclusión de que cuando yo estuve ahí,
él no estaba; y cuando él estaba yo no estuve. Al final, se
aclaró todo con unas hermosas cartas dibujadas, porque Ferro se especializa
en hacer cartas dibujadas. Una la publiqué en la revista infantil "Croniquita"
porque, realmente, no tenía desperdicio, porque él va haciendo
los dibujitos, las viñetitas, todo con letras de historieta dibujadas.
Bueno, el asunto es que Ferro estuvo en la revista "La Cancha" antes
que yo, estuvo de pantalón corto, y tenía dos historietas que
eran "Aserrín y Pan Rallado" por un lado, y después
vino "Don Pitazo", que era un referí que cobraba en la época
en la que a los referís le tiraban una botella. Ahora, directamente
le incendian la cancha; en esa época era todo más tranquilo.
Después... ¿qué más podemos hablar? "Pepe
Boleto" y "Pilucho". Pilucho lo escribía Mirco Repetto,
que fue el creador de "La Vaca Aurora", un personaje que duró
años y años, pasó por varias revistas. Después
tuvo "Ñaugaminí" en "El Pampero". "El
Buzo Chapaleo"... todo el mundo lo conoce. Pero, a lo mejor son menos
los que conocen al "Profesor Bastardilla", que lo hacía en
la revista "Estudiantina" (N. del R.: tal es así, que ni
el propio Ferro se acordaba de él). "Cara de Ángel",
por supuesto, era de él, aunque firmaba como Yayo. De "Bólido"
hablamos recién, de "Bocadillos Fáciles". "Lisandro",
"Sarrastelli", estos son más recientes, "Pandora".
Después en "La Nueva Cancha" hizo "Manotazo, Flor de
Arquero". "Cachopán" y "Avelino". Pero, quería
que vean esto: Ferro le dio personalidad a muchos personajes relacionados,
aparte de los que él dibujaba. Por ejemplo "El Corresponsal Viajero",
que escribía Abel Santa Cruz, era imposible imaginarlo con otro aspecto
que no fuera el que él le había hecho. "Antenor: un Marciano
en Buenos Aires", de Carlos Raffo... cuando lo llevé a Angouleme,
no podía dejar de recordar tus dibujos, no podía inventar otro
marciano, porque estaba tan bien, en la mente de todos, el de él...
con el ojo redondo, las antenitas, la galerita. Lo mismo pasa con "John
Rocha" y con "Jovito Barrera".
Y bueno... quería redondear con esto: yo que lo admiré a Ferro
siendo pibe, después me hice amigo de él, y escribí sobre
él... Él no vino a una exposición mía, pero fue
mejor que si hubiera venido, porque me mandó un dibujo de Bólido,
diciendo que estaba con un estado gripal, y una frase que decía: 'Caro
Siulnas, Dios y yo sabemos cuánto me duelen estas repetidas ausencias
de tus fiestas. Hoy tampoco voy a estar; es decir, físicamente, porque
mi corazón enterito te lo mando en ésta. Siulnas, no moriré
aún (vos no tenés que morir nunca, eso desde ya). Viviré
los años suficientes para asistir a la inauguración de tu estatua
en Morón'. En realidad, él único que tiene una estatua
es el gallo, pero yo me siento muy honrado con esto que me escribió
Ferro. Realmente, me encanta poder participar de este homenaje, y vos sabés
las veces que te he dicho la admiración que tengo por tus dibujos;
y sabés que no te lo estoy diciendo acá porque está todo
este público, sino que te lo he dicho muchas veces en privado, por
teléfono y demás."
Seguido a esto, Julio Lagos anunció que tenía una "conexión vía satélite" con alguien que quería saludar a Eduardo. Era nada menos que el profesor Neurus, Larguirucho, Pucho y Gold Silver quienes protagonizaron una divertida situación, interpretada por la aterciopelada voz de Pelusa Suero (artífice de las voces originales de la serie de Hijitus) quien también se encontraba en la sala. Luego fue el turno de los saludos de grandes personalidades de la política argentina: Néstor Kirchner, Alberto Fernández, Antonio Cafiero, y hasta Carlos Méndez y Fernando de la Rúa, esta vez interpretados por la voz del imitador Ariel Tarico.
Luego fue el turno de otro homenajeado, Guillermo Mordillo, quien con pocas
palabras (como sus chistes) nos regaló un emotivo momento:
"Yo a vos no te voy a llamar Maestro, porque eso te queda chico. Sos
más que un maestro, sos un ser humano grande como un pino, como una
casa. Yo, el año pasado, cuando me hicieron el homenaje, o agasajo,
dije que el premio más grande que nos pueden dar a nosotros, son el
reconocimiento de los colegas, y el cariño del público. Y yo
comparé eso con el premio Nobel. Pero a vos... eso también te
queda chico. ¿Te das cuenta que te quiero mucho? No te puedo decir
más."
Acto seguido, una de las hijas de Eduardo contó una divertida anécdota:
"Hay unas palabritas, que creo que nadie las podría decir. Papá
se había hecho un estudio en el fondo. Sin embargo, dibujó toda
su vida en el medio del comedor. Cuando uno entraba a casa tenía que
empezar a sortear las dobles [páginas] que él dejaba secar (trabajaba
con tinta china). Las hacía secar sobre los sillones, sobre la mesa,
alguna en el piso. Y esa abundancia de trabajo se debía a que para
irnos a Mar del Plata, con el hermoso Ford 38, inolvidable, primero papá
tenía que dejar, por lo menos, tres "Patoruzús" terminados
(al decir Patoruzús me refiero a sus trabajos dentro de esa revista).
Mamá tenía todo listo, y nosotros estábamos sentados
a su alrededor, en silencio... Pero por ahí uno se acercaba a la mesa,
de la cual jamás nos echó, y esperábamos... y de pronto,
a mí se me ocurría, a lo mejor, decirle: 'Papá, ¿por
qué este señor (señalándole la doble, o alguna
tira) no entra mejor de este otro lado?' Él se quedaba serio, y me
decía: 'Tenés toda la razón del mundo'. Tomaba la tira,
hacía una pelota y la tiraba. O de lo contrario, recortaba ese cuadro,
lo hacía de nuevo, y lo volvía a pegar. Además, él
nunca tuvo vacaciones: fíjense que para podernos ir, primero tenía
que hacer los números durante los días que no iba a estar. Entonces,
en este hermosísimo homenaje, impecable, me atreví a pedir permiso,
porque no quería perder la oportunidad de contarles esto. Muchas gracias".
Por último, Mordillo tomó nuevamente el micrófono para
dirigirnos estas palabras:
"Yo acabo de regresar de China, estuve allí para promocionar mis
libros. Y me preguntaron por Caloi, por Quino... porque me dijeron: 'ustedes
en Argentina tienen tres cosas: el fútbol, el tango y el humor gráfico'.
Es una cosa muy importante para nosotros, que nos reconozcan junto con el
fútbol y el tango". En ese momento, Ferro pidió un aplauso
al grito de "¡Por los chinos!". "Di una charla en la
Universidad de Artes Gráficas de Pekín, que tiene una cátedra
de dibujo humorístico. Imagínense ustedes. Les pregunté
cuántos dibujantes humorísticos había en China, y me
dijeron: 'menos de un millón' (risas). Y yo les dije: 'en Argentina
también' (más risas). Habría que ver la calidad, porque
el 'menos de un millón ' de humoristas argentinos es de una calidad...
Esto viene a cuento porque yo hace años que lucho porque se cree en
este país, en esta ciudad, un museo de humor gráfico. Hay muchos
originales que para mí forman parte del patrimonio cultural de este
país que están en el fondo de una casa. Yo tengo todas las historietas
de José Luis Salinas, menos una que la tenía Alberto, 'Hernán,
el Corsario', que fue la única historieta de José Luis Salinas
con argumento propio. Todas las otras las tengo yo, empaquetadas, en Villa
Ballester. No es posible que esas historietas no estén al alcance de
todos los argentinos. Hace falta un museo de historieta y humor gráfico
en la Argentina, es urgente. Se está perdiendo un patrimonio nacional.
Hay que hacerlo. Yo querría hacer un petitorio entre toda la gente
de la profesión, nuestros colegas... no sé, a las autoridades,
al ministro de cultura. Hasta los chinos saben que somos importantes dentro
del humor gráfico. A menos que las autoridades de este país,
consideren que este material de humor gráfico e historieta no forma
parte del patrimonio cultural. En ese caso, yo sugiero a todos los colegas,
quemar todos los originales. Esto es todo lo que quería decir, creo
que es de interés general. Muchas gracias."
Luego de estas palabras, se realizó un minuto de silencio, y un gran
aplauso, para los grandes dibujantes que nos dejaron este año: Eugenio
Zoppi, Leandro Sesarego y Alberto Salinas.
Sólo nos resta felicitar a nuestros amigos del Museo por la excelente labor que han realizado (y realizan) por darle a la historieta argentina el lugar que se merece. Los dejamos con estas hermosas palabras del maestro Ferrito:
"Les dejo un abrazo enorme. No voy a poder, pero quiero expresarles
lo agradecido que estoy, lo hermoso que es esto, y el premio enorme, exagerado,
que recibo a esta altura de mi vida." ...
JAVIER HILDEBRANDT (Revista Comiqueando)